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El mal moral

El mal moral

“¿Por qué existe el mal?”

Es uno de esos “misterios insondables” que han sido el sujeto de reflexión de grandes mentes de ayer y de hoy, y frente a los cuales no caben repuestas fáciles.

Una de las dificultades para profundizar en este tema es que hay muchas manifestaciones distintas de lo que llamamos “el mal”, como las epidemias, los cataclismos, las enfermedades, los accidentes, la muerte, y muchos otros.

Pero hay un mal provocado por acciones y decisiones deliberadas del ser humano realizadas con la intención de infligir daño, como la crueldad, la violencia, los crímenes, las guerras, el egoísmo y la injusticia. A esto se refiere “el mal moral”.

¿Por qué ocurre esto?

Las primeras respuestas ofrecidas por los grandes filósofos de la antigüedad asociaron el mal moral con características de la persona. Sugirieron que puede ser por ignorancia o por falta de autocontrol.

Sócrates y en gran medida Platón, plantearon que nadie en su sano juicio va a querer hacer el mal, porque quien conoce verdaderamente qué es el bien y la justicia ajustará su comportamiento a lo que es bueno y justo. El mal, para estos filósofos, se vincula con la ignorancia, porque nadie va a actuar mal de forma deliberada (“intelectualismo moral”).

Aristóteles matiza esta postura al plantear que alguien puede saber perfectamente qué es lo correcto y aun así actuar mal arrastrado por sus pasiones o la falta de autocontrol (akrasia). Aunque su razón le dicta lo que debe hacer y tiene la intención de cumplirlo, cede ante la inmediatez de un bien aparente (como el placer o la riqueza) y posterga el verdadero bien supremo: la autorrealización racional (eudaimonía). Después siente arrepentimiento, lo que demuestra que su brújula moral no está descompuesta.

¿Existen las “personas malas”?

Difícil pregunta. Tal vez sea poco caritativo calificar de irremediablemente mala a una persona, pero Aristóteles define la “persona viciosa” en su Ética a Nicómaco, que representa un caso extremo de mal moral. Esta persona elige el exceso deliberadamente para saciar sus apetitos sin freno y sin sentir remordimiento, porque cree que lo que hace está bien (su razón está corrompida).

Immanuel Kant es menos drástico, pues propone que una persona que actúa mal es porque está privilegiando el beneficio personal por sobre lo que es moralmente justo y bueno. En la tensión entre “la razón” (que reconoce el deber moral) y las inclinaciones biológicas y psicológicas (deseos egoístas), no siempre triunfa “la razón”. Es una falla de la “gobernanza interna” que no es capaz de gestionar bien el enfrentamiento entre “los deseos” y “el deber ser”. Es simplemente debilidad humana. Pero podría ser también impureza o perversidad. Este último caso es semejante a la “persona viciosa” descrita por Aristóteles.

¿Es responsable la persona por sus comportamientos?

Podría esgrimirse que el mal moral es consecuencia de instintos primitivos o de fuerzas sociales.

Desde el psicoanálisis, Carl Jung propuso que el “mal” habita en “la sombra”, la región del inconsciente que alberga instintos primitivos y deseos reprimidos que la mente consciente rechaza.

Por su parte, Hannah Arendt planteó que las peores atrocidades no siempre nacen de monstruos, sino de personas comunes que obedecen ciegamente las reglas burocráticas y renuncian a su juicio moral (la “banalidad del mal”).

La influencia de los factores del entorno y la obediencia sobre el comportamiento inhumano se ha explorado en dos experimentos psicosociales emblemáticos. Por un lado, el Experimento de Milgram demostró que individuos ordinarios pueden cometer actos crueles bajo la presión de una autoridad percibida como legítima. Por otro lado, el Experimento de la Cárcel de Stanford evidenció que el entorno, la asignación de roles y el contexto institucional pueden alterar radicalmente la conducta individual transformando a personas comunes y corrientes en abusadoras. Ambos estudios demostraron cómo las presiones del entorno social pueden llevar a las personas a deshumanizar al otro y cometer actos crueles.

¿Y qué dicen las religiones abrahámicas (cristianismo, judaísmo, islam) sobre el mal?

Su respuesta es esperanzadora: el mal surge porque el ser humano tiene libre albedrío. Dios crea un mundo bueno, pero otorga a los seres humanos la libertad de elegir, lo cual conlleva el riesgo de “elegir el mal”. Y aunque esto puede debilitar el optimismo, no tiene por qué acabar con la esperanza.

En suma

Aunque el mal moral es un misterio insondable que afecta profundamente nuestra vida personal y social, sus causas escapan a nuestro entendimiento y se nos hace difícil enfrentar el dolor que provoca.

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