Atrévete a pensar
“No estés absolutamente seguro de nada”
Bertrand Russell
“Atrévete a pensar” es el lema que utilizó el filósofo Immanuel Kant en su ensayo de 1784 “Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la ilustración?“.
Esta expresión es un símbolo de la audacia intelectual de los grandes pensadores de la Ilustración. Se formula, a partir del siglo XVII, como una llamada de atención a quienes parecen tener pereza de pensar por sí mismos, y que se conforman con adoptar las guías y opiniones de otras personas. Son, tal vez, individuos que nunca han tenido la capacidad de tener un pensamiento autónomo, o han perdido esta capacidad. O, simplemente, son indolentes: se conforman con vivir a la sombra de otras personas. Se sienten protegidos. Es la abdicación de la libertad de pensar.
Esta admonición de Kant de hace más de 300 años, ha tomado un giro aún más preocupante en estos tiempos. En el mundo actual, la persona está sujeta a fuerzas que debilitan su discernimiento. El riesgo que corremos como personas y como sociedad ha generado una enorme cantidad de comentarios que expresan una gran preocupación.
Algunos de ellos:
- Las opiniones de las personas se amoldan a las preferencias de su grupo de referencia en las redes sociales, lo que lleva a la polarización. Se destruye así el sentido de comunidad y se dificulta el entendimiento social. Las personas se encierran en verdaderas burbujas de hombres y mujeres que piensan lo mismo y se cae en la trampa del pensamiento grupal.
Y al limitar sus interacciones a grupos afines, estos actúan como caja de resonancia de sus propias ideas, llevando a las personas al convencimiento de que están en lo correcto. El grupo les da seguridad de que sus opiniones y puntos de vista son los que corresponden, por lo que los defiende con energía, recurriendo incluso a la violencia y al menosprecio de quienes piensan distinto. Son seres atrapados y que no tienen conciencia de estar en una trampa.
- La diversidad y frecuencia de estímulos que se generan en las redes sociales exigen una reacción inmediata, saturando el cerebro de información e impidiendo a la persona concentrarse. Les “roban el foco y no pueden prestar atención”.
- El diseño de los algoritmos en redes sociales busca maximizar el tiempo que las personas permanecen atentas a sus pantallas a través del condicionamiento conductual y la adicción (debilitan la capacidad de reflexión).
- Los medios y la publicidad transforman a las personas en actores pasivos sujetos a manipulación.
- Las limitaciones de la educación formal, caracterizada por su rigidez y énfasis en la memorización, privilegia el conformismo por sobre el pensamiento original.
Estas tendencias están llevando al “auge de la estupidez colectiva” y la desaparición del pensamiento crítico. Y si se recurre a la Inteligencia Artificial para aparentar una creatividad que no se tiene, sólo se cava más profunda la propia trampa. La mente se silencia. Desaparecen el pensamiento autónomo y la coherencia lógica. Se atrofia la capacidad de discernir y con ello, se debilita el juicio moral.
Sin duda, una gran necesidad de nuestros tiempos es “atreverse a pensar”.