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El futuro de la presencialidad: cómo liderar equipos virtuales por resultados, no por asistencia

El futuro de la presencialidad: cómo liderar equipos virtuales por resultados, no por asistencia

Porque el verdadero desafío de liderar a la distancia no es cuántos días en la oficina, sino cómo gestionamos el desempeño.

Después de años debatindo sobre el teletrabajo y el retorno a la oficina, la conversación pública sigue anclada a una pregunta que, desde la estrategia y el management, parece fuera de contexto: ¿Cuántos días deben venir mis colaboradores a la oficina?

Esta pregunta pone el foco en la presencia. Y la presencia es, probablemente, una de las métricas más debatibles que nos queda en el mundo pre-pandemia.

El desafío real de los equipos virtuales no debiera ser geográfico, sino que de gestión. En un equipo a distancia no puedo apoyarme en la señal evidente para inferir desempeño: ver quién llegó temprano, quién sigue conectado, quién tiene la luz de la oficina encedida.

Y cuando esa señal desaparece se vuelve evidente algo incómodo: en muchas organizaicones no se mide realmente el desempeño, se mide la asistencia.

Lo que dice la evidencia

Dos referencias que pueden ayudar a ordenar esta discusión.

Experimento en Trip.com

El estudio más riguroso hasta la fecha fue un ensayo controlado aleatorizado publicado en Nature por Nicholas Bloom y sus coautores en 2024. Participaron 1.612 profesionales de Trip.com, asignados al azar a dos condiciones:

  • Trabajo 100% presencial (cinco días en oficina).
  • Esquema híbrido (dos días desde casa, tres en oficina).

Quienes se oponían a la flexibilidad temían que esta dañe el desempeño y el desarrollo de carrera; sin embargo, el experimento no evidenció ese daño. Estos fueron los hallazgos:

  • Desempeño y promociones: no se observaron diferencias significativas entre ambos grupos. El rendimiento se mantuvo estadísticamente igual al del grupo presencial y no hubo cambios en las promociones a dos años.
  • Retención de talento: las renuncias disminuyeron en un tercio, especialmente entre mujeres, colaboradores no gerentes y quienes enfrentaban traslados largos.
  • Satisfacción laboral: aumentó de manera consistente en el grupo híbrido.
  • Cambio de percepción gerencial: incluso los gerente que anticipaban una caída de productividad modificaron su opinión al finalizar el experimento.

La conclusión: no existe un trade-off entre flexibilidad y desempeño. Por el contrario, la organización gana en retención y la productividad se sostiene.

Investigación Gallup: gestión por resultados

El informe State of the Global Workplace de Gallup complementa esta discusión con un enfoque distinto:

  • Las organizaciones que gestionan mirando resultados y no actividad obtienen mejor desempeño.
  • Sin embargo, advierte que los equipos totalmente remotos pueden mostrar el mayor compromiso, pero también niveles más altos de estrés y aislamiento.

Por tanto, la flexibilidad sin un sistema de gestión que lo sostenga no garantiza resultados.

La conclusión: el lugar de trabajo no es la variable que explica el desempeño. El sistema de gestión sí lo es. 

Evidencia sobre trabajo remoto vs presencial

Aspecto Trabajo presencial Trabajo híbrido
Desempeño Similar Similar
Promociones Sin diferencias Sin diferencias
Retención Estable Mejora significativa
Satisfacción Moderada Mayor satisfacción
Riesgos Menor aislamiento Mayor estres y aislamiento

Decisiones estratégicas para líderes de equipos a distancia

1. Definir resultados antes que ubicación

Antes de discutir días de oficina hay que explicitar cómo se ve el éxito:

  • Objetivos medibles: metas claras y cuantificables.
  • Entregables definidos: productos o resultados concretos.
  • Indicadores precisos: métricas que permitan evaluar avances.

Cuando el resultado esperado está bien delineado, el lugar donde se produce pasa a ser secundario.

2. Reemplazar presentismo por gestión de desempeño

El foco debe moverse del input (horas conectadas, asistencia) al output (valor e impacto generados). Esto exige criterios de evaluación explícitos:

  • Evaluar el aporte real de cada rol.
  • Implementar feedback frecuente, más allá de la revisión anual superficial.

3. Dar propósito estratégico a la presencialidad

La oficina no debe ser un default, sino una decisión de diseño. Si el equipo va a la oficina, que sea para lo que la oficina hace mejor:

  • Colaboración intensa: sesiones de trabajo conjunto que requieren interacción directa.
  • Mentoría y aprendizaje: espacios donde la transmisión de conocimiento se potencia cara a cara.
  • Construcción de cultura: actividades que fortalecen identidad y cohesión.

4. Alinear el sistema de desempeño con la estrategia

En equipos distribuidos, el riesgo de desalineación es mayor. Cascadear objetivos, conectando las metas individuales con la estrategia de la organización, es lo que mantiene coordinado a un equipo que no comparte el mismo espacio físico.

El puente hacia el lidrazgo

Gestionar por resultados resuelve la mitad del desafío: la mitad estratégica y de sistemas. La otra mitas es relacional -construir confianza a la distancia, sostener el vínculo, cuidad el bienestar de quienes trabajan aislados- y es tan decisiva como la primera. Ese es el terreno del liderazgo y las habilidades, y merece su propia conversación.

Pero la base sobre la que se contruye todo lo demás es la siguiente: mientras sigamos preguntándonos cuándo días se debiera trabajar en oficina, seguiremos midiendo lo equivocado. La pregunta más apropiada debiera ser el sistema de gestión del desempeño está diseñado para la distancia.

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