Escuela de Ingeniería

Más allá del precio de la energía

Conferencia Internacional de Economía de la Energía de la IAEE

Hace unos días concluyó en Santiago la 47ª Conferencia Internacional de Economía de la Energía de la IAEE, que reunió a cerca de 380 especialistas de alrededor de 70 países para debatir sobre seguridad energética, transición, mercados y geopolítica. Pese a la diversidad de temas, una idea apareció una y otra vez: en un mundo más electrificado y fragmentado, la energía dejó de ser simplemente un insumo productivo para transformarse en un activo estratégico.

La paradoja es evidente. Nunca la humanidad dispuso de tantas tecnologías para producir energía y, sin embargo, pocas veces la incertidumbre sobre su disponibilidad, precio y seguridad había sido tan relevante para las decisiones empresariales.

En Chile esa realidad resulta particularmente visible. Mientras el país avanza rápidamente en energía renovables, empresas y hogares enfrentan un proceso de normalización tarifaria después de varios años de congelamiento de precios, junto con un sistema eléctrico que mostró sus vulnerabilidades durante el apagón nacional de febrero de 2025. Ambos episodios recuerdan que el precio de la energía es solo una parte de su verdadero costo.

Desde la perspectiva de la gestión, ese costo tiene al menos cinco componentes. El primero es el precio que aparece en la factura. El segundo es la incertidumbre sobre su evolución futura. El tercero es el costo de una interrupción, que puede paralizar una planta, detener una línea de producción o impedir cumplir compromisos con clientes. El cuarto es la capacidad de acceder oportunamente a nueva infraestructura cuando la empresa necesita expandirse. El quinto es el riesgo de quedar atrapado en una tecnología, un proveedor o un marco regulatorio que deje de ser competitivo.

El apagón de febrero de 2025 ilustra bien esta diferencia. Lo verdaderamente costoso no fue la energía que dejó de consumirse durante algunas horas, sino la producción perdida, las operaciones interrumpidas, los equipos detenidos y las oportunidades comerciales que muchas empresas no pudieron recuperar. Del mismo modo, un contrato con un precio atractivo pierde buena parte de su valor si la empresa no puede acceder a capacidad adicional cuando necesita crecer o si depende de una infraestructura congestionada.

Durante décadas, la gestión privilegió la eficiencia y la reducción de costos. Hoy las empresas deben incorporar un criterio adicional: la resiliencia.

Contar con proveedores alternativos, respaldo para procesos críticos o mayor flexibilidad puede parecer un costo innecesario en tiempos normales, pero constituye un seguro cuando ocurre una interrupción o cambia el entorno.

La principal lección es sencilla, aunque sus implicancias son profundas. La competitividad ya no depende únicamente de conseguir energía barata, sino de disponer de energía confiable, disponible y capaz de acompañar el crecimiento de la empresa. En una economía cada vez más electrificada, comprender la estrategia energética dejó de ser una tarea exclusiva de ingenieros. Se ha convertido en una responsabilidad del directorio y en una competencia esencial de la gestión empresarial.

Este artículo fue publicado en El Mercurio, el 04 de agosto de 2026.

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