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La confianza: el motor invisible de la innovación

La confianza: el motor invisible de la innovación

En los últimos años, el ecosistema nacional de CTCI se ha nutrido de nuevos programas públicos, el fortalecimiento de las oficinal de trasferencia y licenciamiento, la creación de startups y el interés de las empresas en entregar soluciones más innovadoras.

Sin embargo, aún persiste una baja densidad de los actores, limitada articulación regional y una fragmentación de los distintos apoyos existentes, tanto públicos como privados, en etapas críticas de las empresas.

Aunque la tendencia natural sea continuar intentando resolver estas brechas, hay un componente que se ha olvidado en este camino y que es esencial para el desarrollo de un ecosistema: la confianza.

La confianza

Según la definición propuesta por el sociólogo y filósofo alemán Georg Simmel, la confianza puede entenderse como una expectativa sobre la conducta futura de otros. En esencia, constituye una apuesta que permite actuar y avanzar aun cuando no exista certeza absoluta sobre los resultados.

Así, al generar expectativas razonables sobre el comportamiento de otros actores, la confianza constituye la base para establecer vínculos y construir redes. Estas redes, entendidas como tejidos sociales que facilitan el intercambio y la cooperación entre personas y organizaciones [Granovetter, Mark S. (1973)], son fundamentales para el funcionamiento de los ecosistemas de innovación, ya que permiten coordinar esfuerzos, compartir conocimiento y reducir la incertidumbre inherente a los procesos innovadores.

El capital intangible que marca la diferencia

Existe evidencia de que altos niveles de confianza están asociados a países con mayores ingresos o desarrollados (2026 Edelman Trust Barometer Global). Tendencia similar se observa en cuanto a la innovación: los países más desarrollados son los que innovan más (Globlal Innovation Index 2025).

Esta relación no parece ser casual. La confianza no solo favorece la cohesión social, sino que también constituye un factor relevante para la innovación. Investigaciones como la de Akçomak y ter Weel (2009) sugieren que los países y regiones con mayores niveles de capital social y confianza tienden a generar más innovación, al facilitar la cooperación, el intercambio de conocimiento y la coordinación entre actores.

Lo preocupante no es solo que los países más desarrollados e innovadores posean mayores niveles de confianza, sino que esta ventaja parece estar aumento con el tiempo. Mientras los países de mayores ingresos incrementaron sus niveles de confianza en 14 puntos porcentuales entre 2012 y 2026, los países de menores ingresos lo hicieron solo en 5 puntos porcentuales (2026 Edelman Trust Barometer Global).

Más allá de las diferencias entre países, otro cambio interesante observado a lo largo del tiempo es que la confianza no desaparece, solo cambia de lugar. A medida que disminuye la confianza en las instituciones, aumenta la confianza en el círculo cercano. Frente a instituciones percibidas como más distante o menos confiables, las personas tienden a refugiarse en su círculo más cercano.

Para las empresas, este cambio es especialmente relevante, ya que los equipos de trabajo pueden transformarse en uno de los principales lugares donde se construyen vínculos de confianza, condición fundamental para la innovación empresarial. En otras palabras, las empresas no solo deben preocuparse de la confianza por razones culturales o de bienestar, sino porque ésta constituye un activo clave para innovar.

La confianza parece escasear

Es común ver organizaciones limitadas por silos de información, burocracia excesiva y una cultura que castiga el error. Así mismo, resulta llamativo observar a competidores aliándose bajo un propósito común o a grandes empresas confiando en startups sin exigirles experiencias previa.

Innovar exige experimentación, asumiendo el error como un verdadero motor de aprendizaje. También requiere integrar perspectivas diversas para enriquecer las nuevas ideas. Sin embargo, esta apertura debe empezar por casa: es difícil aprovechar el talento externo si la cultura organizacional no promueve el intercambio entre sus propias ideas.

Finalmente, la innovación pierde valor si llega tarde al mercado. Por ello, aliarse con startups, estructuras ágiles y libres de jerarquías, se ha vuelto un imperativo para reaccionar rápidamente ante escenarios cambiantes y asegurar el liderazgo competitivo.

¿Cómo incrementar la confianza?

Según Mayer, Davis y Schoorman (1995), la confianza es un proceso dinámico basado en las relaciones interpersonales. Confiamos más en personas u organizaciones que demuestran:

  • Habilidad: capacidad y destrezas para cumplir promesas en un dominio específico. Al ser fiables, facilitan la cooperación y reducen la incertidumbre. 
  • Benevolencia: preocupación genuina por el bienestar ajeno, dejando de lado el interés personal. Esto genera reciprocidad, fomenta el trabajo en equipo y disminuye la supervisión. 
  • Integridad: adherirse a principios aceptables de forma transparente. Se valida mediante la equidad y la consistencia de las acciones pasadas. 

Ahora bien, aunque la confianza inicial depende de nuestra propensión natural a confiar (personalidad), esta no es estática, sino que evoluciona mediante interacciones repetidas y positivas que fortalecen las percepciones sobre la competencia, benevolencia e integridad de la otra persona. 

En este contexto, comprender cómo se articulan los distintos actores de un ecosistema de innovación y qué mecanismos favorecen la colaboración resulta clave para generar relaciones de confianza que impulsen la innovación. Para quienes buscan profundizar en estas dinámicas y fortalecer la inserción de sus organizaciones en estos entornos, el curso Gestión de Ecosistemas de Innovación ofrece una mirada práctica sobre los desafíos y oportunidades de la colaboración en innovación.
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