Responsabilidades en el ejercicio de la función pública
El jueves 12 de marzo de 2026, correspondió al cardenal Fernando Chomali, arzobispo de Santiago, presentar la homilía en la celebración litúrgica realizada con motivo de la posesión de cardo del Presidente José Antonio Kast.
Considerando que el cardenal Chomali dicta el curso de Ética y Responsabilidad Social en el Departamento de Ingeniería Industrial y de Sistemas desde hace más de veinte años, hemos creído oportuno recoger en esta publicación algunos de los mensajes que él dirigió a las autoridades del país, asistentes nacionales y extranjeros, para ilustrar la invitación que les hizo sobre cómo desarrollar sus responsabilidades en el ejercicio de la función pública.
–Nicolás Majluf, Director académico de la Unidad de Extensión, Departamento de Ingeniería Industrial y de Sistemas.
El país lo construimos entre todos, Gobierno y oposición. Confiamos en que las personas de buena voluntad, sin importar la fe que profesen, puedan dejarse guiar por el recto uso de la razón, y así podamos explorar juntos las soluciones que promuevan a cada uno de los habitantes de nuestro país para que se desarrollen como seres humanos.
Los desencuentros no deben desanimarnos
Desde la creación del ser humano ha habido desencuentros y seguirá habiéndolos. No nos escandalicemos por ello. El país es más que una situación coyuntural. Superar los desencuentros es una responsabilidad ética que no podemos ignorar. El bien común así lo exige. Hemos demostrado a lo largo de nuestra historia que somos capaces de sobreponernos a las dificultades.
Ejercer una política de acuerdos
Esa capacidad de ir más allá de las dificultades coyunturales es motivo de orgullo nacional. Todo ello nos habla de un país cuyo corazón —deseoso de bien— late con fuerza desde lo más profundo de la sociedad. ¡Cuidemos ese tesoro maravilloso!
Procuremos que siempre haya espacio para el diálogo, para buscar acuerdos, para la diplomacia, para abrir nuestras mentes y corazones, para que prime la caridad, la altura de miras, en definitiva, para que emerja siempre lo mejor del ser humano.
Construyamos juntos nuestro proyecto común.
El valor del día del diálogo y la importancia del lenguaje
“Para entablar un diálogo, es necesario que haya acuerdo sobre las palabras y los conceptos que se utilizan. Redescubrir el significado de las palabras es quizás uno de los principales retos de nuestro tiempo”, (Papa León XIV).
Cuando las palabras dejan de reflejar la realidad, esta se vuelve imposible de compartir. De modo que, tanto el diálogo como el lenguaje, son de enorme importancia para la comunidad política.
Los invito a confiar en el diálogo como una valiosa herramienta que evitará que la política se convierta en la imposición de unos sobre otros y que devenga en un sistema de fuerza y resistencia, más que de entendimiento.
En ese contexto, es vital actuar siempre radicados en la verdad, con honestidad y cuidando las palabras y las formas de dialogar, no solo para preservar el respeto mutuo, sino también para tejer una realidad común.
El verdadero desarrollo es moral
La reducción materialista de la vida y de la cultura nos ha llevado a experimentar una verdadera asfixia moral. No podemos ser cómplices de una sociedad que ha hecho del crecimiento económico la única vara para medir el desarrollo.
Un crecimiento meramente económico no basta —por más importante que sea— si no va acompañado de un auténtico acuerdo que, a todos, sin excepción, nos permita sentirnos en casa y desarrollar una vida con sentido.
Si hay una herida abierta en nuestro medio, eso tiene que ver con que no hemos logrado incluir a los más pobres y vulnerables de la sociedad. Debemos estar atentos a las necesidades de cada ciudadano y de Chile entero.
Así como en las bodas de Caná faltó el vino, en nuestro país también faltan muchas cosas. Nos duele Chile cuando tomamos conciencia de lo que falta para que la fiesta no sea solo de unos pocos, sino de todos. Para que el milagro del Señor de convertir el agua en vino llegue a todos sin excepción.
El buen vino, ese vino excelso que producen nuestros viñedos, es el del crecimiento económico, espiritual y social en armonía; es el crecimiento que respeta los feriados religiosos y el descanso familiar; es aquel donde la cultura tiene un espacio relevante y el pensamiento humanista dialoga con el económico, la técnica se abraza con la ética y la dimensión inmanente se toma de la mano con la trascendente. El buen vino que queremos producir es el de una sociedad que ame y respete sinceramente al ser humano, que resguarde su dignidad y la de toda la comunidad.
La creación de nuestra cultura
Las políticas públicas deben estar orientadas a tomar los inmensos recursos materiales y humanos que tenemos en Chile y contribuir a convertirlos en una cultura de la vida, del respeto y del amor; una cultura que extraiga lo mejor de cada ser humano para ponerlo al servicio de los demás; una cultura superior donde no haya espacio para la vulgaridad, las injustas discriminaciones ni los discursos de odio; una cultura que también esté dispuesta a escuchar la voz de Dios, como fuente de sentido en nuestras vidas, aunque no todos la quieran oír.
Disminución de la natalidad: una crisis antropológica
Impresionan los últimos informes sobre la disminución dramática de los índices de natalidad, fruto previsible de muchas políticas sociales instauradas desde hace tiempo. Si concebimos el aborto y las políticas de natalidad como meros derechos individuales, o si creemos que bastarán incentivos económicos para revertir la tendencia, no estamos entendiendo el problema en su real hondura.
Estamos en presencia de una crisis antropológica mayor, porque hemos dejado al ser humano entre paréntesis, hemos mutilado lo más profundo de su ser a cambio de proyectos solo vinculados al tener.
Nos hicieron creer que para ser felices se requería “tener más” y nos olvidamos de que se requiere “ser más”. Y ello se logra no solo viviendo con los demás, sino y, sobre todo, viviendo para los demás.
La política pública número uno en Chile debiese ser terminar con la cultura individualista que nos acecha y corroe el alma. El individualismo, instalado como criterio supremo de vida, es como un vino amargo. No proviene del Señor, sino de la miopía que hace mirar lo urgente olvidando lo importante. La miopía de los que creen que la historia comenzó ayer y terminará mañana.
Nos llena de esperanza
Poder terminar con la corrupción. La codicia y las ansias de poder hieren el alma de Chile. Los recursos destinados a los más pobres no pueden terminar en manos de inescrupulosos, fruto de fraudes de todo tipo. No permitamos que la corrupción se instale en la vida cotidiana y que vaya gestando una cultura del “más vivo”, del amiguismo y del “pero si todos lo hacen”.
Poner un decidido atajo al avance del crimen organizado y a la inseguridad que genera en nuestras calles y espacios públicos.
Dejar atrás el empobrecimiento de la educación, que instala la competencia desde la más tierna infancia como su motor, en lugar de promover y valorar el amor por la verdad, por el gusto de saber. La competencia deshumanizada por las notas, los puntajes y los rankings deben dejar su lugar a la promoción de las destrezas, habilidades y dones que cada cual tiene. El poner fin a la soledad e indefensión de los adultos mayores, y a la incomunicación de los más jóvenes.
La responsabilidad de quienes participan en política
Les pedimos que enaltezcan la función política. No puede ser que quienes ejercen esta noble vocación sean percibidos como las personas más desprestigiadas y de menor credibilidad de la sociedad. ¡No puede ser! Urgen políticos consecuentes, creíbles en el decir y en el actuar.
Les pedimos que estén alertas frente a los peligros que amenazan la vocación política. No es posible lograr una política pública sana si está en manos de líderes éticamente cuestionables. Estén alertas ante cualquier inclinación sectaria, criterio partidista, nacionalismo excesivo o representaciones unilaterales de los hechos históricos, que tanto daño pueden causar al deteriorar la unidad.
Hacemos un llamado a valorar la virtud personal como un camino insoslayable para alcanzar la justicia. La mejor manera de poner a prueba la propia vida es que, al llegar a sus casas cada noche, puedan mirar a los ojos a su familia, sentir serenidad por lo realizado y dormir tranquilos. Qué cierto es el proverbio: ¡mala conciencia, dura almohada!
Nuestro agradecimiento a todos ustedes
Les agradezco de corazón que hayan ingresado a la política. Este será, sin duda, uno de los servicios más importantes que harán en sus vidas. Sus decisiones alcanzarán a millones de personas. Su trabajo es precioso y significativo, porque su razón de ser es el bien común. Gracias, muchas veces, muchas gracias a ustedes por su trabajo.
Este artículo fue publicado en El Mercurio el día 24 de marzo, 2026.